De una amistad a otra cosa mejor

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Recuerdo que una compañera de trabajo y yo siempre nos llevábamos bien, con respeto y mucho profesionalismo, lo que creó una buena y agradable amistad en base al compañerismo. Desayunos, almuerzos, cumpleaños, reuniones informales fueron lo más normal.

Una vez y por mejoramiento profesional nos enviaron a realizar cursos atinentes a nuestros deberes. Así que debíamos ir a la empresa a firmar y luego trasladarnos al instituto que quedaba al otro lado de la ciudad.

Al tercer día del curso en la noche, mientras compartíamos notas vía chat por el ordenador, me envía un link de una empresa de juguetes para adultos. Claro que me sorprendí y me dijo que tenía curiosidad de usar uno de ellos y que sí me atrevía con ella, pero que la condición era no arruinar la amistad.

¡Claro que acepté!, ella pidió el juguete que quería, al día siguiente lo recibió y el día final del curso no asistimos; nos fuimos a un motel ¡y me reservo todo el gozo que vivimos!

Lo que costó fue justificar por qué faltamos ese día ante la empresa. Tuvimos una amonestación que no nos importó, gozamos, innovamos y amigos seguimos siendo (y además, otros que compró y le compré para que más de una vez repitiéramos).

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