¿Cómo subir o bajar la potencia contratada de la luz sin pagar de más?

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Ajustar la potencia contratada es una de las formas más eficaces de adaptar la factura eléctrica al uso real de una vivienda. Muchas personas pagan más de lo necesario cada mes sin saberlo, mientras que otras sufren cortes de luz frecuentes por tener una potencia insuficiente. Subir o bajar la potencia puede solucionar ambos problemas, siempre que se haga con criterio.

La potencia contratada determina cuánta electricidad puede utilizarse de forma simultánea. Es un coste fijo que se paga todos los meses, independientemente del consumo. Por eso, elegir correctamente este valor es clave para equilibrar ahorro y comodidad. Antes de solicitar cualquier cambio, conviene analizar cuánta potencia se necesita realmente en función de los hábitos del hogar y del equipamiento disponible.

Qué es la potencia contratada y por qué influye tanto en la factura

La potencia contratada marca el límite de electricidad que se puede usar al mismo tiempo en una vivienda. Si se supera ese límite, el interruptor de control de potencia corta el suministro. Si, en cambio, ese límite nunca se alcanza, es probable que se esté pagando de más.

A diferencia del consumo, que varía cada mes, la potencia es un importe fijo. Por eso, una potencia mal ajustada tiene un impacto constante en la factura. Para evitar errores, resulta muy útil calcular la potencia eléctrica adecuada teniendo en cuenta cuántos electrodomésticos se usan a la vez y en qué momentos del día.

Cuándo conviene bajar la potencia contratada

Reducir la potencia suele ser una buena decisión cuando el uso simultáneo de electricidad es bajo o ha disminuido con el tiempo. Algunos escenarios habituales en los que bajar potencia tiene sentido son:

  • Nunca se producen cortes, ni siquiera al usar varios aparatos.
  • No se conectan electrodomésticos de alto consumo al mismo tiempo.
  • Ha cambiado la composición del hogar o los hábitos diarios.
  • Se han sustituido equipos antiguos por otros más eficientes.
  • Se ha incorporado autoconsumo, como la instalación de placas solares, que reduce la energía que se toma de la red en determinadas horas.

En estos casos, bajar la potencia puede generar un ahorro fijo todos los meses sin afectar al confort. Eso sí, conviene comprobar previamente la potencia máxima demandada para no quedarse justo.

Cuándo es necesario subir la potencia y qué coste tiene

Aumentar la potencia es recomendable cuando el suministro se interrumpe con frecuencia o cuando el uso eléctrico del hogar se ha intensificado. Suele ser necesario si:

  • Salta la luz al coincidir varios electrodomésticos.
  • Se han añadido nuevos equipos como aire acondicionado, horno o termo eléctrico.
  • Se teletrabaja y se concentra más consumo durante el día.
  • La vivienda ha pasado de uso ocasional a residencia habitual.

Subir la potencia mejora la comodidad y evita cortes, pero tiene un coste. Además del trámite administrativo, se aplican derechos regulados por cada kW adicional. Por eso, antes de hacerlo conviene valorar si el problema es puntual o estructural y si realmente compensa asumir ese gasto fijo adicional.

Cómo cambiar la potencia contratada y qué debes tener en cuenta

Modificar la potencia es un trámite sencillo que no suele requerir obras ni cambios en el contador. El proceso consiste en solicitar el cambio a la comercializadora, que lo gestiona con la distribuidora. El ajuste suele aplicarse en un plazo de entre 5 y 20 días hábiles.

Hay dos aspectos importantes a tener en cuenta antes de solicitarlo:

  • La potencia solo puede modificarse una vez al año por suministro.
  • No se puede superar la potencia máxima admitida por la instalación eléctrica sin actualizar el boletín.

Antes de decidir, conviene revisar qué electrodomésticos se usan a la vez, cuál ha sido la potencia máxima demandada y si existe margen para ajustar sin riesgo. Una decisión informada evita pagar de más o perder comodidad.

Ajustar la potencia: una decisión pequeña con gran impacto

Subir o bajar la potencia contratada no es una gestión complicada, pero sí una de las más relevantes para optimizar la factura eléctrica. Analizar el consumo real, apoyarse en herramientas para calcular la potencia adecuada y entender cómo se utiliza la electricidad en casa permite pagar solo por lo necesario.

Dedicar unos minutos a revisar este aspecto puede marcar la diferencia entre una factura ajustada y un gasto fijo innecesario mes tras mes, manteniendo siempre el confort en el hogar.

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